El ramo de Alba
En esta boda hicimos solo una cosa: el ramo de Alba.
La historia empezó cuando Lorena, de Etre Studio, pensó en nuestro equipo para darle forma a una idea que Alba tenía bastante clara. No buscaba simplemente un ramo convencional, había una historia detrás: un vestido creado a medida por Alex Vidal, el legado de su abuela y una manera muy concreta de imaginarse a sí mismo aquel día.
Nosotras teníamos que encontrar la manera de unir todo aquello, y ahí es donde empezó nuestro trabajo.

Encontrar antes de hacer
Una de las cosas que nos ha enseñado la experiencia es que no siempre hay que empezar diseñando, a veces hay que empezar observando.
Cómo es ella, cómo va a vestir, cómo se mueve, qué quiere contar, qué elementos ya tienen suficiente presencia y cuáles necesitan encontrar un nexo.
En este caso teníamos una premisa muy particular: Alba quería conservar su ramo después de la boda.
Así que empezamos a probar, pero el color exacto no aparecía.
Parece una nimiedad hasta que llevas varios viajes buscando un tono que tienes perfectamente identificado en la cabeza y que no encuentras, pero a nosotras nos pasó. Buscamos esa flor en distintos materiales ya acabados, comparamos, volvimos a buscar, y encontrábamos colores que se acercaban, pero ninguno terminaba de ser el que necesitábamos.
Si no existe, quizá haya que hacerlo
Al no encontrar el color exacto apareció una parte del oficio que nos gusta especialmente, crear nosotras mismas.
Así que dejamos de buscarlo y empezamos a trabajar sobre el propio material hasta conseguirlo. Pintamos, ajustamos el tono, probamos acabados y volvimos a enfrentarlo al resto de la composición.
No era perfeccionismo porque sí, era coherencia. Si aquel color tenía que formar parte del ramo de Alba, no podía ser otro tono, tenía que ser exactamente el mismo.
¿Cuánto tiene que medir un ramo?
Lo que necesite la persona que va a llevarlo.
No queríamos decidir sus dimensiones sobre una mesa del taller, necesitábamos verlo en la manos de Alba. Así que medimos sobre ella. Probamos el largo, la caída, la distancia respecto al cuerpo, el volumen, cómo lo sujetaba, unos centímetros arriba, otros abajo, hasta encontrar la proporción.
Porque un ramo puede estar perfectamente construido y, sin embargo, no funcionar en las manos de quien tiene que llevarlo. Y para nosotras ahí está la diferencia entre hacer una pieza y diseñarla para alguien.
El vestido también tenía algo que decir
Hubo un momento especialmente bonito durante el proceso.
Desde Alex Vidal nos facilitaron material del propio vestido de Alba para que pudiéramos trabajar con él, y tenerlo en nuestro taller cambió muchas cosas.
Podíamos tocarlo, observar su caída, probarlo directamente sobre las flores, combinarlo con diferentes materiales y entender hasta dónde debía llegar esa relación.
Hicimos pruebas con distintas texturas sobre la propia pieza. Algunas funcionaban por separado y dejaban de hacerlos al encontrarse con el tejido, otras parecía insignificantes y, de repente, eran las que conseguían unirlo todo. Añadir, quitar, volver a probar, mirarlo al día siguiente…
Hay decisiones que se toman con conocimiento técnico, otras llegan después de muchos años trabajando con materiales, proporciones y volúmenes, y otras necesitan las dos cosas.
El tejido terminó convirtiéndose en ese hilo conductor que buscábamos desde el principio. El vestido y el ramo no tenían que combinar, tenían que hablar el mismo idioma.

Todo lo que no se ve
Esta es quizá la parte que más nos gusta de esta historia. Porque cuando finalmente ves el ramo en una fotografía, nada de todo aquello aparece de manera evidente.
No ves los viajes. No ves las pruebas de color. No ves la pintura. No ves la texturas que descartamos. No ves los tejidos extendidos sobre la mesa del taller. No ves a Alba sosteniendo una primera proporción para que pudiéramos decidir que todavía faltaban unos centímetros.
Y está bien que no se vea. El oficio también consiste en eso, en invertir todas las horas que sean necesarias para que, cuando la pieza esté terminada, no necesite explicar todo el recorrido que hay detrás. Simplemente tiene que funcionar.
Un ramo que solo podía ser de Alba
No diseñamos un ramo para combinar con el vestido, diseñamos una pieza para pertenecer a una persona. Esa diferencia, aunque pueda parecer pequeña, cambia por completo nuestra manera de trabajar.
Porque un ramo no debería poder pasar de unas manos a otras sin que ocurriera nada. El de Alba tenía que hablar de Alba. De lo que había heredado. De lo que había elegido. De su vestido. De sus proporciones. De su manera de entender la belleza.
Por eso necesitábamos verla sostenerlo. Por eso necesitábamos aquel tejido. Por eso un color parecido no era suficiente. Y por eso hicimos tantas pruebas hasta encontrar el equilibrio.
No queríamos hacer un ramo extraordinario. Queríamos hacer el ramo de Alba.
Y cuando finalmente lo vimos en sus manos, todo aquello que habíamos estado probando durante semanas dejó de necesitar explicaciones. Estaba donde tenía que estar.
Y después, Vogue
Tiempo después, la boda de Alba y Edu ha sido publicada en Vogue España.
Una celebración en la que participaron distintos creativos y profesionales, cada uno aportando su trabajo y su mirada.
La nuestra fue una aportación muy concreta. Una sola pieza. El ramo de Alba.
Y si, encontrar nuestro trabajo publicado en Vogue nos hace muchísima ilusión, pero también nos ha hecho mirar hacia atrás y recordar todo aquello que una fotografía no cuenta.
Las conversaciones, los viajes, las pruebas, los descartes, el color, las manos, el tejido de Alex Vidal sobre nuestra mesa, Lorena confiándonos aquella pequeña parte de un proyecto mucho mayor y todas las decisiones tomadas durante el camino.